Que el olvido no difumine nuestra pena.
Este fin de semana, como casi todo el mundo sabrá ya, ha fallecido un nuevo deportista, un chaval, un joven de tan solo 24 años, con toda una vida y una ilusión por delante. Cualquier vida es importante, todas son importantes, pero debo admitir, que a mí, que me gusta el deporte, me ha causado sensación no solo el accidente sino la forma.

Este chaval Marco Simoncelli, conocido como “Super Sic”, que había encandilado a la afición italiana, calificándolo como el posible sucesor de Rossi, este piloto tan agresivo en la pista como buen compañero fuera de ella, ha fallecido defendiendo su pasión, las motos.
La vida tiene notas, a veces, un poco grotescas, por curiosas, en el mismo circuito donde se proclamó campeón del mundo, con una sonrisa de niño travieso, en el mismo circuito perdió su vida.
Se hablará de seguridad, de deporte de riesgo, es cierto que la tecnología ha hecho que tanto los monos, como el casco y las protecciones defiendan de su caída a los pilotos, es increíble, como a las velocidades que desarrollan en sus frágiles motos, los golpes, sean a veces de poca importancia, como los vemos que sin poder caminar se montan en sus motos y compiten a grandes velocidades, pero a veces, y por suerte, muy pocas veces, la mala suerte estaba allí, en aquella maldita curva donde Marco Simoncelli, dejo su número 58, estanpado en el asfalto, como he dicho al principio, ”Que el olvido no difumine nuestra pena”. Descanse en Paz. Marco Simoncelli. Hasta pronto Amigo.
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